miércoles, 16 de enero de 2013

Emanuel Swedenborg


Emanuel Swedenborg era el típico científico brillante del siglo XVIII, de origen sueco pero que desarrolló su carrera en Inglaterra. Se aplicó al estudio de todo tipo de materias, fue matemático, óptico, relojero, grabador, astrónomo, inventor de todo tipo de artefactos. También fue filósofo y teólogo. Hijo de un obispo luterano, se interesó por las Sagradas Escrituras y aprendió hebreo y griego para entenderlas mejor. A los 56 años su vida cambió por completo: los ángeles empezaron a visitarle y le convirtieron en su auténtico portavoz en el mundo. Lo llevaron a ver el más allá y le informaron de todos los pormenores de la vida espiritual, que Swedenborg fue escribiendo en incontables volúmenes. Se ganó el descrédito de la comunidad científica que antes tanto lo admiraba, pero continuó ese trabajo durante los últimos treinta años de su vida.


-"Yo escribí un prólogo a un libro sobre Swedenborg a instancias del Sr. Spiers, de la Fundación Swedenborg. Y tengo en proyecto (claro que a mi edad los proyectos son un tanto aleatorios) un libro sobre las tres salvaciones; la primera es la de Cristo, que es de carácter ético; la segunda es la de Swedenborg, que es ética e intelectual; y la tercera es la de Blake, discípulo rebelde de Swedenborg, que es ética, intelectual y estética, que se basa en las parábolas de Cristo, que él dice que son obras de arte".


Fuente: Entrevista realizada por Christian Wildner con Jorge Luis Borges en prólogo a la traducción por él mismo realizada de Emanuel Swedenborg, El Cielo y sus Maravillas y el Infierno, Buenos Aires, Editorial Kier, 1991.


Hacia mil novecientos sesenta y tantos escribí este soneto:

Emanuel Swedenborg


Más alto que los otros, caminaba
Aquel hombre lejano entre los hombres;
Apenas si llamaba por sus nombres
Secretos a los ángeles. Miraba
Lo que no ven los otros terrenales:
La ardiente geometría, el cristalino
Laberinto de Dios y el remolino
Sórdido de los goces infernales.
Sabía que la Gloria y el Averno
En tu alma están, y sus mitologías;
Sabía, como el griego, que los días
Del tiempo son espejos del Eterno.
En árido latín fue registrando
Ultimas cosas sin por qué ni cuándo.

Jorge Luis Borges

Buenos Aires, abril de 1972

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