martes, 2 de abril de 2013

LA DIVINA COMEDIA


BEATRIZ, bella creación poética, amada de Dante y representación teológica de las tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad. Es la imagen  que personifica el amor humano  que inspira a Dante en su peregrinaje  en dicha travesía. La relación de Dante con Beatriz, es considerada como una ideal femenino imposible de alcanzar, en la primera percepción es vista como la representación de la mujer en el amor cortés*en la edad media; pero después, se puede ver que no es netamente cortés debido a que en la obra se  presenta la mujer como principio activo y creador, pues en el amor cortés la mujer era considerada un principio pasivo.

A la edad de los nueve años Dante conoce a Beatriz, donde se considera un amor a primera vista, imposible y platónico, pues Beatriz hija de Folco Portinari y miembro de una familia pudiente de Florencia, más tarde se casa con Simone dei Bardi, alejando la posibilidad de Dante por  consumar su amor.  Después llega a la vida de Dante un evento infortunado, pues su amada muere y él la convierte en un símbolo de fe y guía protectora celestial; pero esto hace a que  se decida tomar una vida de libertinaje para ahogar su dolor, el cual más tarde Beatriz le hace ver en el Canto XXX del purgatorio, “…pero tan pronto como estuve en  el umbral de la segunda edad y cambie de vida, esté se separó de mí y se entregó a otros amores”.

Al iniciar  Dante su travesía por el infierno conoce a Virgilio, su guía, padre y consejero donde le explica  por qué se su compañía, y de la intervención de su amada, quien según la obra tuvo que hacer un largo viaje desde el paraíso. Diciéndole Virgilio en el canto I:- “Te acompañara un alma mas digna que yo, y te dejare con ella cuando yo parta”.  En este momento Dante guarda la esperanza al recuentro con su amor, el  cual lo hará soportar todo su recorrido. En el canto II aparece Beatriz diciéndole a Virgilio: -“Yo soy Beatriz, solicitando tu ayuda y procedo  de un lugar al que deseo volver. El amor me trajo hasta aquí y me hace hablar de este modo. Cuando vuelva a ver a mi Señor no cesare de alabarte”. Beatriz viaja metafóricamente al infierno por petición de la Virgen María, quien manda a Beatriz con Santa Lucia. (Canto II). Es  entonces Beatriz vista como una mensajera enviada por la Virgen María para aconsejar y enseñar a Dante como aprovechar cada momento que su guía Virgilio compartirá. En  esta instancia se puede considerar el amor de Beatriz por Dante como un amor misericordioso encaminado a  la presencia de Dios y no como un amor terrenal donde la lujuria y las pasiones son su principal camino, como lo sería la relación entre Paolo y Francesca en el canto V.

Más tarde en el purgatorio aparece Beatriz nuevamente como guía  Dante después de la desaparición de Virgilio en el Canto XXX “… se me apareció una dama, coronada de oliva sobre un velo blanco, cubierta de un verde manto y vestida de color de una vivida llama”. En este verso el velo blanco, el manto verde  y el vestido de color fuego, que adornan a Beatriz simbolizan las tres virtudes teológicas: la corona de olivo indica la sabiduría, la cual más tarde Danta nos explica de que está compuesta, “aunque el velo se decencia e su cabeza, rodeada de las hojas de Minerva, no permitieren que se distinguiesen sus facciones,…”  la cual representa la paz y la sabiduría serena de la diosa romana Minerva. En este momento Beatriz reprende a Dante y lo estimula a que no llore por la partida de Virgilio, explicándole que tendrá que llorar en el futuro por otra herida. Después toma el papel de una madre corrigiendo a su hijo, con orientaciones y castigos tan fuertes al punto que los ángeles interceden por Dante y suplican a Beatriz piedad por el poeta, “Mujer, ¿Por qué así lo maltratas?”. Entonces Beatriz explica –“por algún tiempo le sostuve con mi presencia: mostrándole mis ojos juveniles, le llevaba conmigo en dirección del camino correcto”. Ella continua: “tan abajo cayo, que todos mis sueños eran ya insuficientes para salvarle sino le mostraba las razas condenadas”.  Ella continúa amonestando a Dante hasta al punto de hacerle confesar sus pecados  para ser bautizado en el rio Leteo donde olvida sus pecados y el rio Eunoe para recordar sus buenas acciones. Beatriz en el purgatorio se muestra como  figura militar, almirante y fuerte con Dante para hacerlo confesar pues para el muy difícil  y es mostrado como ”quebrado”, ”así como se rompe una ballesta por estar demasiado tirantes la cuerda y el arco, de modo que la flecha da con menos fuerza en el blanco así yo quebrantado bajo el peso de tan grave cargo, prorrumpí en lágrimas y suspiros, y la voz enflaquecida vino a expirar entre mis labios”. A l ver esto Beatriz siente satisfacción mostrando la no piedad en ella a la hora de corregirlo. “Aunque callases o negases lo mismo que ahora confiesas, no por eso tu falta sería menos conocida: ¡tal es el Juez que la sabe! Pero cuando la confesión del pecado sale de la propia boca del Pecador, la rueda se vuelve en nuestro tribunal contra el filo de la espada. Sin embargo, para que más te aproveche la vergüenza de tu error, y para que otra vez seas más fuerte al oír las sirenas, depón la causa de tu llanto y escucha: de este modo sabrás que mi carne sepultada debla encaminarte en una dirección totalmente contraria. El arte o la naturaleza no te presentaron jamás una cosa tan agradable como los bellos miembros en que estuve contenida, miembros que ahora son polvo de la tierra. Y si el sumo placer de verme te faltó por mi muerte, ¿qué cosa mortal debía excitar después tus deseos? A la primera herida que te causaron las cosas falaces del mundo, debiste elevar tus ojos al cielo, siguiéndome a mí, que no era ya como ellas. No debían abatirse tus alas para esperar allí nuevos golpes, o bien alguna doncellita u otra cualquiera vanidad de tan corta duración. El tierno pajarillo cae en dos o tres asechanzas; pero ante los ojos de los ya cubiertos de pluma en vano se despliegan las redes, en vano se lanzan flechas”.

Lo que se debe resaltar de Beatriz en el purgatorio es la amonestación cruel que le hace a Dante por su desviación hacia la filosofía y la poesía, perdiendo en camino a Dios (teológico y político, por la paz de una nación).

Ya en el paraíso podemos ver la real Beatriz, como una madre entregada a su hijo, cuando quiere que este siga el camino correcto,  como una guía líder cuando muestra a su aprendiz el sendero indicado por no cometer ningún tropiezo y como una maestra exigente que quiere de su alumno el mejor progreso.  Dirigiendo a Dante con amor, disciplina y convicción  por el camino de penitencia para ser entregado a su nuevo guía, San Bernardo, símbolo de la contemplación y el amor a María, para cumplir su viaje y estar frente a la luz eterna de Dios, fuente de bien.


* El amor cortés en la edad media, es un amor en el que el sujeto y el objeto de la relación no entran en contacto sino a través del lenguaje. Este amor  no busca entrar en contacto con la persona amada sino mantenerla como un imposible al que escribirle o hacerle música. El amor cortés necesita de la no consumación de la relación.